
NUM. O Julio 2026
UNA
TAZA
DE
ESPRESSO

Este primer mapa empieza como nuestras mañanas: con café.
Entendido en su versión más italiana: el espresso. Una pequeña taza que concentra el sabor tostado de este grano que se diseminó por el mundo desde Etiopía.
Entre 1884 y 1901, se patentó en Italia la “máquina rápida” para preparar café. Un mecanismo que funciona haciendo pasar de manera muy rápida, agua caliente sobre café molido.
De esta extracción se obtiene un café con mucho sabor, un líquido oscuro, al que recién servido se le forma una especie de crema donde se aprecian los aceites y aromas del café.
El espresso es un rasgo identitario de los italianos porque la máquina para prepararlos se inventó en su tierra, pero también porque la política económica del país propició una manera muy particular para beberlo, que no se replica en ninguna otra parte del mundo.
En 1911, el gobierno fijó un precio máximo para productos considerados de primera necesidad; el café fue uno de ellos, y para compensar la baja de precios, los bares implementaron un cobro extra para quien prefiriera sentarse a tomar su bebida. Se convirtió en costumbre entonces, beberlo de pie y rápido. Sin embargo, la brevedad del momento no le resta devoción al ritual, que repiten varias veces al día sin temor al insomnio; pues contrario a lo que se piensa, el espresso es la versión que menos cafeína contiene, ya que su proceso de filtrado es tan rápido, que ésta no alcanza a concentrarse.
El espresso es la base para preparar otros cafés, como el macchiato o el capuchino a los que se les agrega leche.
Pensando en las cualidades que hacen un buen espresso, salimos en busca del mejor.
*Un nivel moderado de amargor es esencial para aportar estructura, y cuerpo equilibrando las notas ácidas y dulces. Sin embargo, si el amargor es demasiado alto, se considera un defecto.

