
NUM. O Julio 2026

A toda generación le pasa que llegado cierto momento, voltea con nostalgia hacia el pasado; pero hay unas a las que esa retrospectiva les cala más, porque el tiempo que quedó atrás cambió vertiginosamente con respecto al presente. Pienso por ejemplo en quienes pasaron de la movilidad en carretas a hacerlo a la velocidad del tren, o en quienes vivieron el inicio de la imprenta.
Quienes nacimos en el último cuarto del siglo pasado, somos una de esas generaciones. Vivimos realidades que hace 50 años se presentaron como ideas futuristas: internet, realidad virtual, intercomunicación, inteligencia artificial; pero al mismo tiempo, estos paradigmas del mundo actual conviven con prácticas y hábitos que pertenecen algunos incluso al siglo antepasado, y no lo hacen como vestigios del tiempo, sino como prácticas habituales.
Crecer bajo las reglas del mundo análogo y presenciar el nacimiento del mundo digital, nos hizo transitar por un espacio liminal, un punto intermedio entre un mundo material de cámaras fotográficas, discos o revistas y uno virtual, al que entramos a través de la pantalla del celular.
Por eso cuando miramos hacia atrás, vemos un mundo difuso, donde los talleres de costura resurgen, pero al mismo tiempo las compras de ropa en línea son desorbitantes. Donde las manos están habituadas al tecleo en el celular, pero existen lugares que arreglan máquinas de escribir, porque hay quienes están enviando cartas a la vieja usanza.
Estos mundos paralelos se cruzan, coexisten y convergen en Morelia, y nos interesa mirarlos con la atención que corresponde a este tiempo.
Empezamos esta revista como un mapa personal para registrar esas intersecciones, no siempre como añoranza del pasado, muchas veces también como celebración del presente.

