
CANDOR
Texto: Emma Monroy
Fotografía: Leonardo Palafox
A veces pasa que al cruzar una puerta, más que llevarnos a un lugar, ésta nos conduce a otro tiempo, pero no en el sentido de quien retrocede sobre él, más bien a uno que pierde aceleración, que se teje sin prisa. El telar de pedal es una máquina antigua. Un aparato robusto hecho de madera y de ingeniosa complejidad. El registro más antiguo de uno data de 1733 en Inglaterra y el invento se le atribuye al tejedor John Kay. Quien adaptó los telares manuales Detrás del telar solo hay una persona, pero se necesitan 5 para enrollar los hilos y colocar la urdimbre. La operación toma 3 días. Ya montados los hilos, los tejedores ocupan su lugar detrás o al centro de sus telares. El algodón le quitó la rigidez a la vestimenta, gracias a esta fibra vegetal, lo áspero se tornó en tersura y las prendas de algodón se convirtieron en objetos de lujo. Hacia 1733 el tejedor John Kay inventó un telar, bautizado con el nombre de Lanzadera volante, que sustituía la canilla manejada por el tejedor por un artilugio mecánico –un brazo articulado– que no sólo era mucho más rápido sino que permitía que el ancho del tejido sobrepasara la longitud de sus brazos, tamaño que era un límite infranqueable Al centro de su telar, cada tejedor Luego de eso, el trabajo se va encadenando en el tejido, el corte y la costura. Las paredes blancas del taller son como un capullo de algodón.
























