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NUM. O  Julio 2026

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LA ÚLTIMA ALTERNATIVA
POR EMMA MONROY

Es sorprendente que en la época de mayor consumo en la historia de la humanidad, la música, que fue un arte altamente valorado desde siempre, hoy sea un bien con poco valor. No es que la gente le haya perdido el gusto, es que la industria se la comió en una lógica mercantilista, y nos acostumbró a no pagar por ella. Incluso para quienes venimos de un tiempo donde las únicas formas de tener música era comprar el disco o quemarlo, pensar de pronto en comprarlo directamente nos confronta con la facilidad del play en spotify. Y es que el auge de las plataformas digitales, cambió por completo la manera en la que nos relacionamos con la música. Donde antes había estantes con cassettes y discos, ahora hay una pantalla que reproduce cualquier canción -que esté en su catálogo-. Toda ella cabe en tu teléfono, y mientras tengas internet y pagues tu suscripción, podrás tener acceso a tu música. La virtualidad le quitó materialidad a la música. La venta de discos cayó, y los nuevos tiempos ya no necesitaban la producción de un álbum completo, ni comprometerse con formatos físicos. Ahora el número de veces que la gente le diera play a una canción, sería el criterio para otorgarle su valor. Y así los músicos, se fueron quedando a merced del streaming. Una regla económica establece que si tú te lo ahorras, alguien más lo está pagando. Y en este caso, son los músicos. El pago mensual promedio para un usuario en estas plataformas musicales es de 120 pesos, pero el porcentaje que los músicos reciben de esa suscripción, se calcula en centavos, cuando se calcula, porque en el inmenso catálogo de miles de grupos, las probabilidades de que te busquen y te escuchen son las mismas que las de encontrar la aguja en el pajar. Regresemos a los números, si los 120 pesos que pagas no son para quien hizo y produjo la música, ni compran las canciones para que las tengas, digamos en un disco duro, entonces la compra, en realidad no está comprando nada, es como la llave de acceso a un cuarto vacío. Por otro lado, con ese dinero, sí podrías comprar un disco. Puede parecer improbable que en tiempos dominados por la industria del algoritmo, exista un territorio digital que le apueste a la autonomía humana; pero existe, se llama Bandcamp y es lo más parecido a Mixup, la legendaria tienda donde podías ir a escuchar discos, buscar música entre sus estantes o comprar boletos para conciertos. Bandcamp apareció en internet en 2008 como un espacio para alojar música independiente. Y esta palabra es clave para entender la diferencia entre ella y otras plataformas para subir o escuchar música. Mientras los números de spotify demuestran una atroz disparidad que raya en la injusticia, los de Bandcamp son alentadores. Y es que la plataforma, al no condicionar a los artistas a tener una distribuidora que los represente, les permite conservar los derechos sobre su música y la gestión de su venta sin intermediarios. No cobra por abrir ni mantener una cuenta, tampoco por subir música o escuchar la que quieras. Se sostiene cobrando una comisión del 15% sobre cada venta y la comisión baja cuando el artista crece. Los usuarios por su parte, pueden adquirir la música en formato digital, para la cual no hay límite de descargas, o comprar los formatos físicos disponibles, así como playeras, pósters o cualquier material que la banda ponga a su disposición. El precio lo ponen los artistas. En 2007, Radiohead lanzó el disco In Rainbows; la forma de comercializarlo fue un desafío a la industria musical. El disco se descargaba desde su página web y el precio lo fijaba el público, podías incluso no pagarlo, pero resulta que es el disco más vendido de la banda. Este acto se puede leer como el precedente de Bandcamp, que como Radiohead, le apostó a la comunidad y no a la industria, probando con los 18 años que lleva apoyando a la música independiente, que otro modelo de negocio y vínculo con los artistas es viable. Con tantas bondades, no entiendo por qué hay bandas emergentes que le siguen cediendo su música a esas otras plataformas. ¿Por qué?, ¡quién sabe!, pero pensando que una de las razones pudiera ser que no la conocen, quisiéramos con esta sugerencia, contribuir a borrar esa zona negra de su radar, invitarles a que le echen un ojo a Bandcamp, y que empecemos a recuperar esas bonita costumbre de comprar discos.

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